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27
Abr
2012
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La energía "verde" se quiere poner "azul" en España |

Se han cansado de la tierra firme. Por eso viran hacia el mar. Los molinos de viento, esos "gigantes con brazos de varias leguas" que avivaron la locura del Quijote cervantino, mudan de piel y de escenario en España. O al menos eso quieren sus promotores, que buscan ahora alcanzar las costas como nuevo modo de reinventar el sector.
Lo que está en juego es un tesoro muy valioso que por primera vez se siente desprotegido. España es el cuarto país del mundo –y el segundo de Europa– en potencia eólica instalada, y su industria, que creció en las últimas décadas a un ritmo vertiginoso, empezó a aterrizar el pasado año a causa de la reestructuración y la deslocalización de los fabricantes hacia otros países que, como China o la India, pisan con mucha fuerza.
Los datos –que hablan del crecimiento más débil de la historia de la eólica en España– han disparado las alarmas del sector, que lanza estos días un SOS a las autoridades, a las que reclaman la recuperación de los incentivos y una normativa "más amistosa".
No se han quedado, sin embargo, de brazos cruzados. Y se inspiran ahora en el azul del mar para inventar otras fórmulas y repetir las experiencias de vecinos europeos como Dinamarca y el Reino Unido, donde la energía eólica marina (también conocida como offshore) es una realidad desde hace más de 20 años. Y es que el filón de los océanos es indiscutible. En ellos, además de no encontrar barreras, los vientos soplan a mayor velocidad que en tierra y de un modo más constante y laminar, ya que la rugosidad del terreno es muy baja. Las ventajas tienen su traducción en datos.
De ellos se desprende que las instalaciones offshore prácticamente duplican en tiempo de producción a las terrestres –con entre 3 mil 500 y 4 mil 000 horas anuales frente a unas 2 mil 100 en tierra–, un atractivo al que España suma otro más: el hecho de que la mayor parte de su territorio esté rodeado por agua. En estas circunstancias, no es de extrañar que el país esté ya muy cerca de lograr el aprovechamiento de los vientos oceánicos.
La primera propuesta con visos de lograrlo llega ahora de la mano de la Generalitat, concretamente del Instituto de Investigación de Energía de Catalunya (IREC), que tiene previsto instalar en los próximos meses el primer laboratorio de envergadura del mar Mediterráneo. Sobre el papel, el denominado proyecto Zéfir establece la instalación en una primera fase de cuatro aerogeneradores o turbinas eólicas de 20 megavatios (MW) en total en aguas poco profundas –de unos 35 metros– del norte del Delta del Ebro, y a unos tres kilómetros de su costa.
La iniciativa crecerá en una segunda etapa, en la que se levantarán otros ocho aerogeneradores en aguas muy hondas –de unos 100 metros, y a unos 30 kilómetros del litoral– que deberán ir apoyados sobre estructuras flotantes.
Aunque la gestación del proyecto Zéfir deberá salvar antes al menos dos obstáculos. El primero pasa por desarrollar los anclajes adecuados para estos gigantes en las aguas profundísimas del Mediterráneo, cuyos suelos marinos son muy bajos y se hunden a solo unos pocos kilómetros de la costa, a diferencia de lo que ocurre en Mar del Norte o el Báltico, donde la plataforma es más elevada.
El segundo de los obstáculos atañe a las conciencias, ya que la iniciativa no es vista con buenos ojos por una parte importante de la sociedad de L'Ametlla , el municipio tarraconense en cuyo territorio se ha diseñado la plataforma y que mantiene estos días a vecinos, representantes políticos, asociaciones ecologistas y otros agentes en pie de guerra.
Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/1366428/0/energia-verde/parques-eolicos/tarragona/






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